El paisaje es también un territorio del lenguaje, por el transitan los caminos como las palabras por las líneas de las frases. Todo paisaje es un código tatuado, que puede provocar la exaltación o la melancolía. Signo de todo ello son las pinturas, llenas de referencias y entrecruzadas de senderos de María Maynar.
Sus cuadros se tejen de un modo semejante a como se tejen nuestros sueños. Se dice que el paisaje es un estado de ánimo y del alma. Indica la capacidad sensorial del paisaje como escenario vivo, palpitante de lenguas y lenguajes que nos lee y nos utiliza como transmisores.